Pep Adelantado Lucas

Una de las cosas que más me ha gustado de mi vida ha sido la posibilidad de viajar aunque mayoritariamente haya sido por trabajo.
Mi interés por viajar viene de lejos. Probablemente desde que con 7 años mis padres se metieron, y nos metieron a mi hermano y a mí, en un barco y estuvimos 12 días viendo agua desde la mañana hasta la noche, antes de poner pie en tierra en el puerto de Santos, en el estado brasileño de Sao Paulo, dejando claro a los ojos de un crio de esa edad que el mundo era muy grande y tenía mucha, muchísima agua.
Con el tiempo, y después de otros 13 días de agua, once años más tarde, empezó otra etapa, esta vez laboral, que ha durado treinta años y aún quedan algunos flecos.
Contrariamente a lo debería ser normal, el hecho de tener que viajar constantemente para trabajar no me restaba ningún interés por viajar también en los ratos libres.
La incorporación de una cámara  fotográfica al día a día habitual hizo el resto.
No quiero hablar de los cientos de miles de kilómetros que llevo a mis espaldas, en todos los medios de transporte posibles, pero sí que quiero significar lo mucho que he aprendido y lo mucho que me ha enriquecido el contacto con gentes diversas, en situaciones de todo tipo que en definitiva han configurado en gran parte mi carácter. Y eso no tiene precio.
Después de muchos años y miles de fotos pensé que todo lo que había recibido de la gente que me había encontrado en el camino no cabía en una foto y decidí contarlo en un libro. Es una corta etapa de mi vida, pero fue, sin duda, la más intensa.

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